Rezos


Sigo flotando
entre los rezos que mi madre
que cada noche
repite en
nombre
del sagrado pecado
y la
santa violación mental
de mi agonía.

Escaño frente al mapocho


Mágico, irónico, perpetuo son tus besos

que escapan del recuerdo inerte

producido por aquel mecanismo de

torturitas orgásmicas de aquellas

veladas misericordiosas

de tu respiración irónica,

de tu autoridad desterrada por

una ausencia dulcesita de

palabritas que recitaste ese día

que te quedaste en el escaño

popular llorando por la niñita

que se creía grande y te arrojo

al “mapocho melancólico”

para que pudieras saborear

su gusto a muerte de mierda.

Tardecita infame


Pude retenerte, poseerte, morderte, aguantarte
y dejar de jugar al orgullo de niños
inertes por el deseo de juntar las lenguas
por última vez.
Pero la niñita tiene miedo de equivocarse,
de ser menos persona,
de masturbarse pensando en la persona
que la sienta cada tarde en el escaño
que esta marcado con la humedad
de nuestros cuerpos que ahora se
distancian por una infame madurez
que no existe cuando ella envía
un mensaje con un “Te extraño”.
¿Será el efecto retardado del adiós?, o
¿solo es un poco de alcohol melancólico?

Muerte macabra


Me visto de colores para celebrar tu absurda
ausencia desencadenada con frías y falsas
palabras que escuche el día que dijiste
“Te extraño”.
Quizás es tan solo una palabra;
la unión de 9 letras que si fueran 7
sonarían más acorde a tu perspectiva de vida,
que creaste y materializaste con tu mente
enferma y con ansias de sufrir y de ser
victima en tu cortometraje barato auspiciado
con tu realidad absurda.
Hasta tu aroma ya no huele a pasión,
Si no más bien a descomposición de alma,
de besos,
de caricias,
de sexo,
de lágrimas,
de sonrisas,
de te quiero,
de orgasmos,
de tu lengua,
de tu cuerpo,
de tus piernas,
de tu rostro
y
de tu simple nombre

La espera en las escaleras


Si pasaran mil cosas y el cielo un día de estos
se trasformara en infierno, lo mas probable
es que me buscarías para que te protegiera.
Pero tú sabes que mis brazos nunca tocaran
tu cuerpo; ya que tus ojos se han convertido
en un frió recuerdo.
¿En que te convertiste?, en el ser que siempre
odiaste personificar, en el ser que jamás quisiste ser.
Ahora soy yo la que te mira desde arriba,
ahora soy yo la que te dice nunca más; por que
un solo grito no basta y por que una sola lagrima
ya no causa tristeza. Por que tu cuerpo se ha
transformado en el templo que jamás profanare.
Quiero que sepas que no todo esta dicho,
que tu vida no esta completa, que tus sueños
no han sido cumplidos y que el tiempo es
sabio cuando se trata de melancolía.
Ahora estoy en el mismo lugar donde me
miraste y me entregaste tu corazón; solo que
ahora te lo devuelvo para siempre.
No es odio el que siento, ni tampoco tristeza,
es tan solo desilusión de que todas aquellas
palabras que he escuchado de ti sean
producto de tus mentiras.